Ya hace casi 3 años que me cambió la vida. Por la primavera de 2008 estaba disfrutando como hacía años. En las últimas semanas antes del día X estaba que me salía. 1/2 Maratón de Getafe en 1h 24' sin mucho esfuerzo y sin excesiva preparación, en bicicleta volvía a estar con los pata negra, e incluso recuerdo una subida a Muñopepe en la que me atreví a atacarles y aunque no conseguí que se quedaran sufrían de lo lindo; y nadando los tiempos eran buenos con mejores sensaciones.
Pero después de unos días de rodaje suave, una noche recién acostado me giré en la cama y se produjo "el corto" que hizo que empezara la pesadilla de la que no he salido (ni creo que salga), pero en la que me he acostumbrado a vivir. ¡No me quedaba más remedio!
¿Y cuál ha sido la forma de acostumbrarme a esto? No es difícil a toro pasado, pero me ha costado mucho, o mejor dicho, muchísimo.
Desde aquella noche he tenido días regulares, días buenos, días malos y días peores.
La receta es la siguiente:
Si el día es regular, hay que pasar de largo sin hacer ruido, quedándose con los momentos buenos, que alguno hay.
Si el bueno hay que aprovecharlo y disfrutarlo al máximo. Además hay que recordarlo.
Y si el día es malo o muy malo hay que desconectar, estar pero no estar, pensar y recordar los días buenos y una vez que haya pasado olvidarlo.
En definitiva, no he asumido mi situación ni quiero hacerlo, simplemente me he acostumbrado a estar mal. Siempre tendré esperanza de volver a estar bien, confiando en los avances en medicina. No se cuánto tardará, pero seguro que llegará.
Y mientras tanto a seguir disfrutando de los días buenos y olvidando los malos.
martes, 31 de enero de 2012
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