martes, 1 de marzo de 2016

Motivación extra o locura irremediable



Llego a casa después de una jornada laborar como otra cualquiera, ni más pronto ni más tarde que otro día cualquier y empiezo a comer como otro día cualquiera. Algo más rápido que otras veces porque tengo intención de salir en bici, como otro martes cualquier desde que las tardes son algo más largas.
Me visto de ciclista y a las 17:00 estoy saliendo por la puerta.

Pese a haber hecho la rutina lo más rápido posible es algo tarde. Demasiado tarde para hacer un recorrido largo. Aún así no descarto nada.

Salgo a la calle con la bici y el día es bueno, con poco viento, sol y tengo ganas de hacer una buena etapa. Parece una locura, pero tengo ganas. Me apetece dar la vuelta a los puertos. Recorrido: Barraco, Navalmoral, Avila. 62km con dos puertos.
Hago cálculos y la mejor de las previsiones me situa en el alto de Navalmoral sobre las 19:00. Demasiado tarde, aunque con tiempo justo para llegar a casa con luz. Cualquier imprevisto haría que llegara a casa de noche.

Llego a la rotonda y pienso: “¿Por qué no?”. Pues eso, por qué no.



Así que comienzo dirección hacia Sonsoles feliz, sabiendo que puedo llegar a casa a oscuras, pero me da igual. Me apetece y voy a por ello.

Lo mismo que sucedió esta mañana, cuando a las 13:00 del 1 de marzo de 2016 se abrían las inscripciones para la Travesía de natación de las Islas Cíes. 10 km de natación entre las Islas y la costa gallega. 
Y a las 13:00, como si de inscribirse a Zarautz se tratara, estaba pegado al ordenador. Once minutos después ya estaba inscrito.

Con las travesía de las Islas Cies que será el 27 de agosto y el triatlón de Zarautz al que me apunté el 13 de febrero a las 10:00 y que cerró inscripciones en 2 minutos ya tengo todos lo objetivos de la temporada 2016.
Zarauz será el sábado 11 de junio y la travesía de las Islas Cíes el 27 de agosto. Dos fechas ya marcadas en el calendario y que harán que no pierda la motivación de repetir salidas como las de hoy.


Ahora solo falta disfrutar. Disfrutar como lo he hecho hoy en la primera vuelta a los puertos de este año. En la que he superado mis previsiones más optimistas y he llegado al alto de Navalmoral a las 18:45.

Disfrutar como llevo haciéndolo toda la temporada. Disfrutar y que la salud acompañe.

A por 2016!

domingo, 19 de julio de 2015

TRIATLÓN DE ZARAUTZ, UNA VEZ MÁS.



INSCRIPCIÓN
Desde mi inscripción a Zarautz allá por el mes de febrero todo fueron buenas o muy buenas sensaciones, tanto nadando como bicicleta y corriendo. Esto, unido a las salidas con los Triavila que vamos a Zarautz hace que suba el umbral de sufrimiento que tanto esfuerzo me costó bajar, lo que me llevó en más de una ocasión a forzar más de lo debido. Y como además las sensaciones eran buenas, en cada salida en grupo volvía a subir un poco más ese umbral.
¡Qué maravilla volver a sentir que entreno! Nunca a los ritmos de antes, pero entreno.

ULTIMAS 3 SEMANAS

Son semana que debería de haber sido de calidad, pero bastante hago con no quedarme en casa. Empiezan los primeros días de malas sensaciones. Aunque de momento son pocos se van alternando días buenos o muy buenos con algunos regulares. ¿Calor, falto de horas de dormir, etc.? Pero a falta de 2 semana para zarautz termino el domingo dando la vuelta a La Colilla (19km) con Juancar y Paco Crespo con muy buenas sensaciones y muy buen ritmo, enlazando con 25km de bici con Jorge.
Todo rueda bien

En la última semana continúan días buenos y malos, pero un entreno de 3000m de natación terminando con series de 100m y otro de 82 de bici seguido de 35 minutos de carrera a ritmo fuerte hace que desaparezcan todos los fantasmas. 

ULTIMA SEMANA
Fantan 5 días para el día que tanto espero y tanto he preparado. Semana para recuperar fuerzas y buenas sensaciones, olvidando los días malos de las 3 últimas semanas.

Martes 9 - 15:00
Termino de trabajar y me dirijo hacia el bus que me traiga de vueltas a Avila. A medio camino hacia el bus comienzo a tener el pulso raro, muy raro. Hago los gestos habituales en estas ocasiones y nada… no se pasa. Me siento apartado en el bus sintiéndome culpable de esta situación y me doy cuenta de lo que no había visto hasta ahora.

“Me ha costado mucho esfuerzo y muchas lágrimas asumir que no puedo entrenar como me gustaría, y con 3 meses de buenas sensaciones he tirado por tierra todo todo aquello que me ha costado tando construir (no asumir). Mis ritmos tienen que ser más lentos. Mi pulso más bajo. No puede exigirme como lo hacía antes y no volveré a derramar ni una sola lágrima por no poder hacerlo.”


El bus continúa su camino hacia Ávila y mi pulso sigue igual. Qué hago...¿Digo al conductor que pare y que me deje en un centro médico, continuo hasta Ávila a ver que pasa?

Y mientras tanto muchas otras ideas pasan por mi cabeza. Intento prometerme que si mi pulso se estabiliza no vuelvo a competir en nada, pero sé que esa promesa es imposible de cumplir, así que trato de analizar qué pasará con mi futuro si vuelve a ser un flutter. No haré Zarautz, no haré la travesía del Valle de Iruelas, pero si paso pronto por el quirófano a lo mejor en septiembre la travesía de Sanabria ...."

Una hora después el bus llega a su destino y afortunadamente el ritmo es (o parece) normal. Mi corazón se siente como si hubiera corrido 20 maratones seguidos, pero a eso ya estoy acostumbrado después de mis olvidados episodios de taquicardias. Y como no podía ser de otra forma, llego a casa, y después de comer y reposar la comida cojo la bicicleta y hago 40km muy suaves, intentando olvidar lo vivido en el bus para alejar los fantasmas que quieren volver a entrar en mi cabeza.

Miércoles y jueves hago el entreno previsto. Con mucho miedo, pero lo hago. También me hago un electro para confirmar que todo está correcto, y también me depilo el pecho,  por si tuviera algún problema facilitar las cosas a los médicos. Con ese optimismo me dispongo a participar en Zarautz.

13 DE JUNIO. 

(Sí, para colmo es día 13, aunque por suerte para mí no soy supersticioso.)


Me levanto con muchas dudas. Las mismas que vengo arrastrando desde el martes. Pero aun así estoy en la playa de Getaria esperando el disparo de salida. Y a las 14:15 empiezo a nadar. 50 minutos después estoy cogiendo mi bicicleta en Zarautz, feliz de no haber tenido ningún problema y esperando que todo continúe así.

Comienza la bici y desde los primeros kilómetros noto que el motor no funciona bien. Cuando el ritmo es de paseo su funcionamiento es “aceptable”, pero en el momento que incremento el ritmo, por poco que sea, noto… no sé, pero se que no va bien.
  • No es un flutter, porque si entro en flutter me mantengo así salvo que me hagan cardioversión
  • No es fibrilación, porque el ritmo es irregular, y el mío, salvo latidos raros es un ritmo rítmico
Miles de pensamientos pasan por mi cabeza. Metido en ambulancia, desfribriladores, echar pie a tierra y retirarme antes de que todo eso pase. Consigo analizar la situación y si mi ritmo es suave considero que no me la estoy jugando y por otro lado, echar pie a tierra supondría rendirme, aceptar lo que tanto tiempo me he resistido a no aceptar. Me digo que al menos tengo que completar una vuelta, llegar a Zarautz y allí decido. Cuando completo la primera vuelta aunque no he mejorado tampoco he ido a peor, así que continúo. Aún así me planteo en numerosas ocasiones si tiene algún sentido continuar cuando no estoy disfrutando. Y no tengo ninguna duda.

Si me retiro habré perdido. Seré un perdedor y no puedo vivir así. Puedo vivir sabiendo que soy defectuoso, pero un defectuoso que lucha cada día por ser normal.
 

Comienzo la segunda vuelta en bici y empieza una lluvia ligera que termina convirtiéndose en diluvio. Ahora junto a las sensaciones cardiacas está el frío y el peligro de la carretera resbaladiza. La única forma de combatir ese frío es ir fuerte, cosa que no puedo hacer porque el ritmo de mi corazón deja de ser normal. Pero también ese frío hace que mi atención deje de centrarse en los latidos de mi corazón y se centre en el peligro de la carretera mojada y en tensar mis músculos para conseguir algo de calor.

Con una batalla psicológica como nunca en la vida había tenido consigo terminar la bicicleta.

Si las dudas en la salida eran muchas ahora se han multiplicado por infinito a la hora de afrontar los últimos 20 km de carrera a pie. Pero de repente el interruptor de mi corazón cambia y empieza a funcionar perfectamente. La lluvia continúa, el frío desaparece y mis latidos son normales. Así que al menos los último 20 kilómetros los disfruto como nunca, olvidando la dura batalla vivida sobre la bicicleta y de la que una vez más salí victorioso.


Y un año más vuelvo a ser finisher en Zarautz


...y una semana después también soy finisher de la travesía a nado del Valle de Iruelas. 5.500m nadando muy suave y disfrutando como nunca de algo que pensé que se me había acabado para siempre.